Friday, October 13, 2006

El Fokker 19 años después




A los 11 años aún pensaba que los muertos se iban al cielo. Y aquella tarde del miércoles 9 de diciembre de 1987, tras regresar del colegio, quise comprobarlo.

La noche anterior había sido la más larga de mi corta existencia. No dormí. Tenía la pequeña radio pegada a la oreja desde las 8 de la noche. Por la tarde, RPP había transmitido el triunfo de Alianza Lima sobre el Deportivo Pucallpa con gol de uno de mis ídolos, ‘Pachito’ Bustamante. La alegría era doble, porque la punta de la tabla ya era nuestra y el equipo se iba para campeón después de 9 años.

LA MUERTE VINO DEL CIELO
A las 8 de la noche, sintonicé La Rotativa Deportiva. Quería escuchar el análisis del partido de la tarde. Pero a los pocos minutos todo cambió. Un enlace urgente desde el aeropuerto Jorge Chávez daba cuenta de las dificultades que tenía el Fokker F-27 que traía al equipo. Se decía que el tren de aterrizaje estaba fallando y que el avión estaba sobrevolando en círculos tratando de solucionar el problema. Preocupante, pero sin causar alarma.



El programa siguió, pero ya no quería escucharlo, ya no me importaba, y los comentaristas tampoco se entregaban ardorosamente, como de costumbre, a desmenuzar los partidos de la fecha. El pensamiento estaba en otro lado: en el cielo limeño 43 personas luchaban por no morir. "En cualquier momento tendremos nueva información desde el Jorge Chávez", repetía una lacónica voz.

Acabó el programa y el resumen de las noticias de la hora daban cuenta de lo mismo, pero no por mucho tiempo, pues enseguida hubo otro enlace con el aeropuerto. "El avión que trae a la delegación aliancista ha sido declarado desaparecido…" decía escueto el relato. Toda clase de pensamientos cruzaron por mi mente: ¿Se cayó el avión? ¿Habrán muerto todos? ¿Aterrizó en otro lado? ¿Sigue dando vueltas sobre la ciudad? ¿Dónde está ese maldito Fokker? No hubo respuestas durante esa larga noche. Habría que esperar al nuevo día.

Y el amanecer trajo novedades. Los noticieros madrugadores de la televisión confirmaban lo que la mayoría temía: el avión había caído en el mar de Ventanilla. Inconscientemente ya había internalizado esa posibilidad como el más probable desenlace. Pero igual dolía.


IMPUNIDAD OFICIAL
Antes de desayunar el quaker que mamá me preparaba todas las mañanas, corrí al mercado, ubicado a 4 cuadras de casa, a comprar un diario. Era una mañana soleada de primavera, pero con una cara triste, muy triste. Yo ya no quería saber nada del partido del día anterior, ni de la tabla, ni si nos íbamos para campeón, ni con quiénes nos faltaba jugar. Nada. Mis cándidos 11 años solo querían algún dato esperanzador. Algo que a los noticieros de radio y televisión se les pudiese haber escapado. Nada. Todos, con ciertos matices, contaban la misma historia. Regresé con el diario bajo el brazo, pensando.

A las 12 pm. salí al colegio (estudiaba en la tarde). Caminé las 7 cuadras, pensando. En el colegio no se hablaba de otra cosa que no sea el accidente. Hasta los profesores estaban a la caza de alguna novedad en lugar de concentrarse en sus clases. Todos querían saber si ya se había encontrado algún cuerpo.


Regresé del 6011 después de las 6 pm. No quise hablar con nadie en casa. Hablaba conmigo mismo (siempre lo hago). Estaba oscureciendo. Subí a la azotea de casa. Algunas estrellas empezaban a mostrar su luz. Me recosté sobre el suelo con las manos sosteniendo mi cabeza y empecé a llorar mirando el cielo. Recién era consciente de la realidad: Todos estaban muertos. Ya no volverían más. Pero era un niño. Creía en el cielo, en el paraíso, en el infierno. Mientras lloraba, me concentraba en ese cielo ahora completamente oscuro. Quería verlos. Pensaba que en algún momento se asomaría la figura del ‘Potrillo’ Escobar, que me diría que no pasó nada, que ellos regresarían, que todo volvería a ser como antes, que Alianza no estaba muerto, que el 8 de diciembre no existía… Vi a Tomassini anotando un gol. A Sussoni saliendo con una pelota bien jugada. Cerré los ojos húmedos y seguí imaginando. Me quedé dormido. Cuando desperté, las cosas seguían igual, el 8 de diciembre sí había existido, y todos estaban muertos. Los potrillos habían muerto, pero Alianza Lima tenía que renacer de sus cenizas.



Ya han pasado 19 años de aquello. Ahora, con 30 años encima, ya no creo en Dios, ni en el diablo, ni en el paraíso, y menos en el infierno. Tampoco creo en la justicia. Aquella justicia que ocultó arteramente la verdad de lo sucedido. Aquella verdad que fue encontrada hace poco en ¡Miami! en la casa del miserable capitán Edmundo Mercado Pérez, quien presidió una junta investigadora de la Marina. Esa misma investigación que determinó que el accidente (o asesinato culposo) se debió a fallas humanas y mecánicas de la aeronave de la Marina, que estuvo en manos del ministro de Defensa de entonces, Enrique López Albújar (asesinado luego por un comando del MRTA en enero de 1990); del presidente del Senado, Luis Alva Castro y, por qué dudarlo, del mismísimo Alan García Pérez y se sentaron en él, sin que el pusilánime e inefable presidente de Alianza Lima de entonces, Agustín Merino, haga algo por exigir que se hagan públicas las conclusiones de la investigación.

Ya no pasará nada. Pero al menos se supo la verdad. ¡Ese es el Perú, carajo! Nada ha cambiado. ¡Salud por ello!

3 Comments:

Blogger Mónica "Mona" Sánchez said...

Angelito que buena crónica. Qué penita al saber que sufriste con tan cruel noticia a tus 11 añitos. Pero yo sí creo en el cielo; que desde allí nuestros seres queridos están mucho mejor que estando en un mundo tan injusto...

2:46 PM  
Blogger Grinder said...

Se me cae el corazon a pedazos al leer esta cronica compare, igual ese dia recuerdo que era el colegio o quedarme en casa, aun siendo pequeño se sienten las cosas que te marcan de por vida, un buen vino en memoria de los potrillos que partieron aun sin ser su tiempo.salud!

5:25 PM  
Anonymous Anonymous said...

He leido detenidamente tu historia y realmente es una pena como pasan los años y nos damos cuenta que en el Peru no hay justicia.
Es una palabra usada por muchos politicos... sin ir muy lejos por Alan Garcia quien antes de ser elegido presidente pidio disculpas por los errores de su primer gobierno. Uno de los errores fue lo sucedido con la Alianza Lima y la Marina. Cuando salio la verdad ya habia sido electo presidente por nuestro pueblo peruano, y sin embargo nunca dio la cara, El era y es el Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas a quien nunca se le pregunto. Solo puso a un payaso en la television llamado Canciller y otro quien ostentaba el titulo de Marino para q dieron explicaciones absurdas e insultaran la inteligencia de todos los peruanos. Lo mas Terrible es que nosotros los peruanos les pagamos el sueldo con nuestros impuesto y se burlen de nosotros...!!! Eso es inaudito. Es como ser dueños de una empresa y que tus empleados te falten el respeto cuando tu les das de comer y les pgas el sueldo con sus beneficios respectivos. Porque no dicen cuanto pago la compañia de seguros Popular y Porvenir por el siniestro??? Declararon a la Compañia de Seguros que habian 43 personas civiles a bordo??? Cuanto les dieron a los deudos quienes se quedaron sin sustento por una negligencia??? no solo del piloto, irresponsable y arrivista quien sabia q no tenia la capacidad para pilotear el avion. Donde estan los responsables q lo hicieron comandante de una aeronave sin tener las mas minimas capacidades??? Donde estan los responsables que fletaban los aviones a civiles, cobrando por el servicio sin dar las mas minimas seguridades??? pusieron a un piloto inexperto e incapaz de resolver cualquier inconveniente, no conocia el avion ni el idioma de los instrumentos ni manuales.

9:34 AM  

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